El agua que bebemos recorre “cientos” de metros de conductos de distinta índole y diversidad de materiales; (roca, cobre, plomo, arcilla,….)etc. Por lo que llega a nosotros con una carga vibratoria y magnética un tanto caótica, que dista mucho de ser un agua pura y regeneradora. Las ondas de baja frecuencia y los campos electromagnéticos que interactúan directamente con las moléculas del agua, las desordenan o desequilibran, llegando a nosotros un agua perturbada. Gracias a las investigaciones de un japonés (Masaru Emoto), nos dejo un gran legado de fotografías donde se muestra gráficamente como el agua tiene memoria y su equilibrio se ve reflejado en su forma de cristalización, donde un agua ordenada y equilibrada crea unos cristales armónicos y geométricos.

Gracias al Orgón de este equilibrador bioenergético, ordena y disuelve la memoria del líquido y por la geometría armónica o Mandala de la Flor de la vida armoniza y reequilibra.




